philipp plein camisetas replicasEl philipp plein camisetas replicas toro zaíno; por Enrique Morera Guajardo

Sólo falta ahora alimentar el victimismo y provocar la furia. Serenidad hasta el final; más aún, mano dura contra lo que puede resultar una ignominia, cuando además, con la filtración que se ha convertido en el eje de lo que queda de campaña, se ha vulnerado el principio de legalidad, que por otro lado se defiende para rechazar la consulta soberanista. Hay que dar lección de elegancia, no perderla en lo que, por el momento, no debería apartarse de la confrontación de ideas. Desde esta misma tribuna (11/10/2012) ya insinué que la dinámica generada era una inmejorable protección para determinadas investigaciones en marcha. Que el reconocimiento de esa realidad quede, de momento, sólo ahí. Como no me cansaré de insistir, hay que ir con extremo cuidado con todo lo que se dice y cómo se dice. La susceptibilidad está a flor de piel; la división en Cataluña es hoy una triste realidad. El bloque independentista mantiene un proyecto y hoja de ruta común. Se encuentra cada vez más cómodo y sólido con el discurso -que permanecerá sea cual sea el resultado el 25-N porque no se contrarresta su esencia. Enfrente sólo hay división y proyectos dispares. La deriva del PSC ,gorra philipp plein,con su ridícula apelación al federalismo que no saben, porque no pueden, concretar, puede hacer más daño a Cataluña y a España que mil años de gobierno de Zapatero. Así pues, prudencia y que no se caiga en la fácil tentación del descrédito no contrastado que puede convertirse en munición de alto calibre en las manos de quién lleva al Principado por el camino de la secesión con el pilar del envite, en su historia. Por ello retomo su examen. Como referí (21, 28 y  29 octubre y 6 noviembre), el catalanismo no se expresa como movimiento político hasta bien avanzada la edad moderna. El conflicto dinástico (1700-1714) no puede considerarse un directo y trabado antecedente histórico del movimiento catalanista. Como han puesto de manifiesto autorizados historiadores -entre otros, Alvareda-, la crisis no se circunscribió al Principado, sino que afectó a toda Europa y parte del continente americano. Como dijo un contemporáneo, una «guerra tan universal cual no se ha visto nunca». En Cataluña los privilegios y el riesgo de su pérdida simplemente actuaron como telón de fondo del conflicto, que ha sido manipulado hasta la extenuación como justificación de la opresión castellana. Nada más lejos de lo sucedido porque además entonces Castilla también sufría y mucho por causa del Borbón. En aquella guerra las ambiciones dinásticas cristalizaron en un aparente enfrentamiento entre dos concepciones de Estado: el centralista de Luis XIV: «L’État c’est moi» encarnado en su nieto Felipe V, legítimo heredero a la Corona de España por el testamento de Carlos II, y los austracistas de Carlos III de Austria, que, sin renunciar al absolutismo,philipp plein barcelona, propiciaban un mayor parlamentarismo. Los austracistas se apoyaban en territorios que, como los de la Corona de Aragón,unlimited philipp plein, mantenían instituciones como soporte de privilegios. No llegaron nunca a conceptualizar su lucha por un determinado modelo de Estado. Trataban de obtener apoyos que luego traicionaban, como todos, sin rubor. Así sucedió con el total abandono por Carlos III (1711) del Principado, la final «huida» de la emperatriz y de las tropas austríacas (1713 y Tratados de Utrecht). Se diga lo que se diga, el conflicto no fue más que una descarnada lucha por el dominio de Europa y del continente americano vía el control de la Corona Española,  que ostentaba una soberanía no discutida en Cataluña. El Principado no era más que una pieza en aquel tablero de intereses, en el que, contaba todo menos el pueblo. Por ello no puede sostenerse que el conflicto fuera una guerra contra Cataluña o siquiera contra sus instituciones. Se apostó por una dinastía que en busca de apoyos, prometía y prometía, y que pocas diferencias mantenía con su oponente en el ejercicio del poder real. Lo que es más importante, incumplió sus compromisos y dejó en la estacada a quién derramó su sangre por ella. Resulta patético recordarlo como un símbolo. Más allá de la lengua, mal puede hablarse de que a principios del s. XVIII existiera una identidad propia catalana diferenciada del resto de España. Existía un determinado nivel de autogobierno, ínfimo -salvando las distancias-, comparado con el que ahora se cuenta y que se quería defender y en lo posible aumentar. Cataluña se sentía española y sin complejos. La prueba fue la aceptación de Felipe V en 1701 por las Cortes Catalanas (no se habían reunido en los últimos 100 años), que suponía una normal ratificación de la soberanía de la Corona Española. Que poco se habla de lo que se consiguió a cambio con el juramento de fidelidad: puerto franco en Barcelona, la concesión de 2 barcos al año a América, la formación de una compañía mercantil, la unificación de declaraciones fiscales de los barcos que arribaban al Principado, la consolidación de la libre exportación de vino, aguardiente y productos agrícolas,philipp plein sneakers, y medidas proteccionistas respecto a vinos, aguardientes y tejidos extranjeros… Felipe V mantuvo el derecho del alojamiento militar en el Principado (sempiterno caballo de batalla) y un cierto control de los candidatos al Consell de Cent y a la Diputació. Concedió todo lo demás que le pidieron. La desconfianza hacia el francés (los virreyes Ibáñez y Velasco se quejaban sobre el poco margen de maniobra) y la falta de garantías sobre el mantenimiento de lo obtenido, justificaron pretendidamente la alianza entre Cataluña e Inglaterra con el Pacto de Génova (1705),jerseys philipp plein, que fue una indiscutible traición al compromiso adquirido con Felipe V. Los historiadores hablan de miedo al futuro como detonante de la revolución en Cataluña. Floja excusa cuando en Castilla y en los inicios del reinado de Felipe V, el malestar era muy superior por la pérdida de influencia sobre el comercio americano. Cataluña dio la espalda a un rey por otro que le dejó en la estacada sufriendo, a su vez, la traición que primero ella había cometido. Pero ni una palabra de independencia. Antes al contrario.  El mártir de la hoy pretendida causa catalana contra España,philipp plein tshirt, Rafael Casanova (septiembre de 1.714) arengaba a la población con palabras de inequívoco españolismo: «…esta ciudad en la que hoy reside la libertad de todo el Principado y de toda España……a nuestra común y afligida patria, … que todos como verdaderos hijos de la patria, ….., a fin de derramar gloriosamente su sangre y su vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España.» La arenga del general comandante Antonio de Villarroel (militar al servicio de Felipe V hasta 1710) fue en estos términos: «…estáis luchando por nosotros y por toda la nación española.» Cataluña se consideraba defensora de España. Así lo sostiene el historiador Coroleu, fundador del Centre Català (el de Valentín Almirall), que significó (1876) que con la toma de Barcelona «…finía la independencia nacional (de la Península) de una raza en otros tiempos indomable…» La apuesta perdedora trajo el Decreto de Nueva Planta (1.716), que más que un castigo respondía a una general concepción uniformadora, conllevando la supresión de instituciones que sí se mantuvieron como premio para otros territorios que hicieron gala a sus compromisos con la causa borbónica (Vascongadas y Navarra). No obstante, mucho mito existe sobre el Decreto. No se prohibió el catalán, incluso se toleró su uso en la Audiencia Real, cuando el artículo 5 imponía, sólo en ella, el castellano. En el s. XVII, el 70% de la producción de las imprentas en el Principado era en castellano y durante todo el s. XVIII poco varió. El artículo 54 afloró la igualdad por nacionalidad, característica del Estado moderno, al permitir el acceso a los cargos públicos y honores en el Principado por mérito y no por el lugar de nacimiento dentro del Reino. Los líderes catalanes de entonces, con su error, fueron los responsables de que Cataluña perdiera sus instituciones hasta la Constitución que masivamente respaldó (1978). Superado ese yerro, hoy,tras 300 años, los nuevos «señores» nos pretenden conducir a nuevos, pero como entonces, desconocidos extravíos. La equivocación vino determinada, como ahora, no en una voluntad de separación de España, ya que Cataluña nunca verdaderamente ha querido -ese es su drama- dejar de ser España, sino en las inconsecuencias de su burguesía y su «establishement», que recurrentemente,  a lo largo de los siglos, ha querido utilizar sus ancestrales instituciones en su propio beneficio y como justificación de mayores privilegios. Reflexiona Cataluña: ¿quién saldría beneficiado de la secesión o siquiera de su intento? La respuesta es pagada: Los «señores» del Principado ,ya sin control. La irreflexiva burguesía de soporte pronto caería en la cuenta de un nuevo error. «La travesía del desierto» la sufrirían los ciudadanos de Cataluña y por extensión,philipp plein camisetas mujer, toda España. Simplificando, se viene pretendiendo por los «señores» del Principado el beneficio de pertenecer a un Estado, pagando lo menos posible, requiriendo siempre mayores competencias y amenazando con el divorcio, a través de: (1) cambio de bando por el mejor postor (apuestas dinásticas), (2) la negociación permanente porque lo acordado nada vale (juramentos de fidelidad, Constitución, Estatutos) y (3) «in extremis», como ahora, azuzando a los ciudadanos de forma tal que luego no pueden contener por resultar presas de su propio discurso. Antes, como ahora, es la burguesía de Cataluña -siempre navegando entre dos aguas- la que, utilizando a los mercenarios que ha dispuesto en cada momento (hoy CiU), nunca ve mal el pulso permanente al Estado. Apretemos que algo sacaremos. Los hechos históricos que han llegado hasta nosotros sólo nos llevan a considerar lo contrario de lo que se nos pretende hacer creer, porque nunca ha existido una Cataluña no española y, como intentaré reflejar en un nuevo retroceso histórico: Cataluña ha sido y es parte de España porque siempre así al final lo quisieron sus mandatarios, y lo quisieron por la misma razón por la que a veces se amaga con la separación, por interés de su clase dirigente.  Pero no te engañes España, eso no es Cataluña, porque los ciudadanos que hoy salen a la calle, e incluso votan a quién no dice la verdad, lo hacen cuando sufren penuria manejados espuriamente con el «hecho diferencial», que no se ha sabido querer ni complementar enseñando la historia común de tantos siglos por quien, como Tú debería haberlo hecho. A los catalanes nos toca ser conscientes de dónde venimos, quiénes somos, adónde vamos y de los peligros de jalear al aprendiz de Moisés, que sin saber cómo salir de la tierra del Faraón, adquiere ahora maneras (y eso que los ha prohibido) de toro zaíno y bizco del pitón izquierdo al que los picadores, utilizando en exceso las garrochas (filtraciones), restan poderío al bravo y ahorman su cabeza en demasía y antes de tiempo.